La Danza de los Dragones: el fuego que devoró su propio linaje
En la historia de Canción de hielo y fuego, pocas guerras fueron tan devastadoras ni tan trágicas como la Danza de los Dragones, la guerra civil que desgarró a la Casa Targaryen —la misma que había conquistado los Siete Reinos— y que marcó el principio del fin para los dragones.
Fue una guerra entre hermanos, entre fuego y fuego, entre dos legítimos herederos de la misma sangre: Rhaenyra Targaryen, la princesa que nació para reinar, y Aegon II Targaryen, el príncipe que le arrebató la corona.
De sus cenizas no solo se extinguió la grandeza de una dinastía, sino también la llama que había hecho del mundo un lugar de maravillas y terror.
1. El origen del conflicto: la herencia del rey Viserys I
El rey Viserys I Targaryen gobernó durante una época de relativa paz. Era un hombre pacífico, afable y amante de los festines, más inclinado al consenso que a la guerra.
Pero cometió un error fatal: no supo asegurar su sucesión con claridad.
Durante años, su hija mayor, Rhaenyra, fue su heredera designada. Desde joven fue instruida como princesa de Rocadragón, madre de dragones y futura reina de los Siete Reinos.
El reino la aceptaba, aunque con reservas, porque en la tradición de Poniente nunca había reinado una mujer.
Más tarde, Viserys contrajo segundas nupcias con Alicent Hightower, una dama de Antigua, hija de Otto Hightower, Mano del Rey.
De esa unión nacieron varios hijos, entre ellos Aegon, varón.
Y así, la semilla del conflicto fue sembrada: entre los partidarios de la princesa —los llamados Negros— y los que apoyaban al príncipe —los Verdes—.
2. Los bandos: Negros y Verdes
La corte de Desembarco del Rey se dividió en dos facciones irreconciliables.
Los Negros, defensores de Rhaenyra, se agrupaban en torno a la Casa Velaryon, a los señores del mar, a Daemon Targaryen (su tío y esposo), y a las grandes casas del norte y el valle.
Los Verdes, leales a Aegon II, contaban con el apoyo de los Hightower, la Guardia Real, y la mayor parte del clero.
El nombre de ambos bandos procede de un torneo en el que la reina Alicent vistió de verde y Rhaenyra de negro y rojo: los colores del dragón.
Desde entonces, cada gesto en la corte se interpretó como una declaración de lealtad.
3. La muerte del rey y la usurpación
Cuando Viserys I murió, los Verdes ocultaron su muerte durante días.
Durante ese tiempo, Otto Hightower y Alicent conspiraron para coronar a su hijo Aegon antes de que Rhaenyra pudiera reclamar el trono.
El joven príncipe, reacio al principio, fue ungido en secreto y coronado Aegon II Targaryen, con la corona de su antepasado Aegon el Conquistador.
La traición fue completa cuando Ser Criston Cole, comandante de la Guardia Real, cambió de bando y juró lealtad al nuevo rey.
Así comenzó la Danza de los Dragones: una guerra fratricida que enfrentó a los últimos jinetes de dragones entre sí.
4. El estallido de la guerra
Al enterarse de la coronación, Rhaenyra fue proclamada reina en Rocadragón por sus partidarios.
Fue coronada con la corona de su padre por su esposo y tío, Daemon Targaryen, sobre las cenizas de su linaje.
Los dos reyes fueron ungidos, y los dos bandos reclamaron el trono.
Pronto, la guerra se extendió por todo Westeros.
El fuego cayó sobre las ciudades, los castillos y los campos.
Por primera vez en la historia, dragones lucharon contra dragones.
5. Los dragones del conflicto
Durante la Danza, más de veinte dragones estuvieron involucrados.
Cada uno con su jinete, su temperamento y su destino.
Del bando de los Negros (Rhaenyra):
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Syrax, su propia montura, dragona dorada.
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Caraxes, el Fuego Sangriento, de Daemon Targaryen.
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Meleys, la Reina Roja, de Rhaenys Velaryon.
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Vermax, de Jacaerys Velaryon.
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Arrax, de Lucerys Velaryon.
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Tyraxes, de Joffrey Velaryon.
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Moondancer, de Baela Targaryen.
Del bando de los Verdes (Aegon II):
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Sunfyre, el dragón dorado de Aegon II.
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Vhagar, el más antiguo y temible, montado por Aemond Targaryen.
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Dreamfyre, de Helaena Targaryen.
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Tessarion, la Reina Azul.
Además, existían dragones salvajes en Rocadragón: Cañonero, Sueñafuego y el Caníbal, que jugaron un papel feroz e imprevisible.
6. Primeras batallas y fuego sobre fuego
La guerra comenzó con sangre y tragedia.
Lucerys Velaryon, hijo de Rhaenyra, fue enviado a Bastión de Tormentas para ganar el apoyo de los Baratheon.
Allí encontró a su tío Aemond Targaryen, montado en Vhagar.
En el aire, sobre la tempestad, Aemond dio caza a Lucerys, y Vhagar devoró a Arrax junto a su jinete.
Aquel acto selló el destino de ambos bandos: no habría paz.
En respuesta, Daemon Targaryen mandó asesinar al hijo de Aegon, y así comenzó una cadena de venganzas interminables.
Castillos fueron arrasados, ejércitos incinerados, ciudades convertidas en desiertos de ceniza.
7. El saqueo de Desembarco del Rey
Durante el caos, Rhaenyra logró ocupar Desembarco del Rey y sentarse en el Trono de Hierro.
Por un tiempo, fue reina legítima.
Pero el precio fue alto: el pueblo, hambriento y asediado, comenzó a odiarla.
Los Verdes conspiraron desde el sur, y el propio pueblo de la capital se levantó contra ella.
El levantamiento culminó con el Saqueo del Pozo Dragón, cuando una turba enfurecida irrumpió en las cavernas donde se guardaban los dragones.
En un estallido de locura, los hombres mataron a las bestias a costa de sus vidas.
Más de cinco dragones murieron aquel día, y con ellos desapareció la grandeza de una era.
8. La muerte de Rhaenyra
Rhaenyra fue traicionada y capturada cuando intentaba huir de la capital.
Su medio hermano, Aegon II, la hizo llevar ante su trono.
En un acto de crueldad legendaria, la entregó al dragón Sunfyre, que la devoró viva frente a los cortesanos.
Su hijo más joven, Aegon el Joven, fue obligado a presenciar la ejecución.
Sin embargo, el castigo de los dioses cayó pronto sobre el usurpador: Aegon II murió envenenado poco después, probablemente por sus propios consejeros, que buscaban poner fin a la guerra.
9. El fin de la guerra y el costo del fuego
Cuando la guerra terminó, casi todos los dragones estaban muertos.
De los veinte que existían al comienzo, apenas sobrevivieron tres, jóvenes y enfermos.
Las casas Targaryen y Velaryon quedaron diezmadas, y el reino, sumido en ruina.
El nuevo rey fue Aegon III, hijo de Rhaenyra, apodado Veneno de Dragón.
Su reinado estuvo marcado por la melancolía y el miedo.
Se decía que no podía mirar el fuego sin estremecerse, pues había visto cómo devoraban a su madre.
Durante su tiempo, el último dragón murió, y con él se extinguió la era de la llama.
10. Consecuencias históricas
La Danza de los Dragones marcó el principio del fin para la Casa Targaryen.
El fuego que los había hecho dioses los consumió.
El reino tardó generaciones en recuperarse, y la desconfianza hacia los dragones se convirtió en parte del alma de Westeros.
Los maestres de la Ciudadela registraron el conflicto con fría precisión, pero el pueblo lo recuerda con una frase sencilla:
“Fue el tiempo en que los dragones se mataron entre sí.”
11. Simbolismo del conflicto
La Danza no fue solo una guerra por el trono: fue una alegoría del orgullo y la maldición del poder absoluto.
Los Targaryen creyeron que el fuego los hacía invencibles, pero olvidaron que el fuego no distingue entre enemigo y hermano.
La guerra entre Rhaenyra y Aegon II representa la autodestrucción de una dinastía divina que olvidó su humanidad.
En sus cenizas, solo quedó el eco de las alas que ya no volaban.
12. Personajes principales
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Rhaenyra Targaryen, la reina legítima.
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Aegon II Targaryen, el usurpador.
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Daemon Targaryen, su amante, esposo y general.
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Alicent Hightower, la reina madre, maestra de la intriga.
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Otto Hightower, la Mano del Rey y arquitecto del golpe.
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Rhaenys Velaryon, la Reina que Nunca Fue, símbolo de la justicia perdida.
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Aemond Targaryen, el príncipe tuerto, jinete de Vhagar.
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Corlys Velaryon, el Señor del Mar, aliado de los Negros.
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Ser Criston Cole, el caballero que cambió la historia.
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Aegon III, el niño heredero que vio morir el fuego.
13. Legado en la historia
Tras la guerra, los Targaryen siguieron gobernando, pero su poder ya no era divino.
El miedo reemplazó al asombro, y la sangre de los dragones se volvió más delgada.
La magia se desvaneció, los dragones murieron, y los hombres olvidaron que alguna vez existieron criaturas capaces de oscurecer el sol.
La Danza de los Dragones fue, en última instancia, la venganza del fuego contra sus dueños.
Fragmento de crónica valyria:
“El fuego no tiene lealtad.
A quien lo adora, lo devora.
Y de las llamas que levantaron reyes,
solo quedaron cenizas.”











