El juego de tronos y dragones: las casas nobles, facciones míticas y las fuerzas que mueven Westeros
En el continente de Westeros y más allá, los nombres de casas, linajes y facciones no son meros títulos: son la sangre, el acero, la historia y la traición condensadas. Este artículo examina las principales casas nobles, los reinos que sostienen, los poderes periféricos y el trasfondo que da sentido a las luchas por el Trono de Hierro y al reinado de los dragones.
1. Las grandes casas de Westeros
El mundo de Westeros está sostenido por lo que se denomina comúnmente “Las Grandes Casas”: centros de poder feudal cuyas decisiones hacen temblar el continente.
1.1 Casa Stark del Norte
Su asiento en Invernalia, su linaje de los Primeros Hombres y su lema “El invierno se acerca” la convierten en la casa del honor, la lealtad y la resistencia ante lo salvaje. Su posición geográfica en el Norte, el dominio del gran muro y la amenaza que se cierne más allá la sitúan como uno de los pilares morales de la saga.
1.2 Casa Lannister de Roca Casterly
Con su emblema del león dorado sobre fondo carmesí y el lema “Oye mi rugido” —aunque popularmente se asocia a ellos la frase “Un Lannister siempre paga sus deudas”—, representan la riqueza, la ambición y la astucia. Su poder económico, basado en las minas de oro, les ha permitido dominar el juego político con mano firme y sonrisa dorada.
1.3 Casa Targaryen
Dragones, conquista y fuego. Procedentes de Valyria, los Targaryen dominaron Westeros durante casi tres siglos gracias a su control de las criaturas aladas y a una política dinástica basada en la endogamia. Su emblema, un dragón tricéfalo rojo sobre fondo negro, y su lema “Fuego y sangre” resumen su esencia. Aunque fueron destronados, su sombra aún se proyecta sobre el reino entero.
1.4 Casa Baratheon de Bastión de Tormentas
Fundada por Orys Baratheon, supuesto medio hermano de Aegon el Conquistador, esta casa joven se alzó al trono tras la rebelión que derrocó a los Targaryen. Su emblema muestra un ciervo negro sobre campo dorado y su lema “Nuestra es la furia”. La casa Baratheon representa la fuerza bruta del poder y la inestabilidad del reinado obtenido por la guerra.
1.5 Casa Tyrell del Dominio
Seductores, refinados y poderosos, los Tyrell gobiernan desde Altojardín las fértiles tierras del Dominio. Su símbolo es una rosa dorada sobre fondo verde, con el lema “Crece fuerte”. A través de matrimonios y diplomacia, han ejercido un poder sutil y constante, demostrando que la belleza también puede ser arma.
1.6 Casa Martell de Dorne
Orgullosos, sensuales y fieros, los Martell de Lanza del Sol son una casa distinta. Dorne resistió durante siglos las conquistas Targaryen y conserva una cultura singular. Su emblema es un sol rojo atravesado por una lanza dorada sobre fondo naranja, con el lema “Ni doblado, ni roto, ni sometido”. Su historia es la de la independencia y el orgullo del sur.
1.7 Casa Arryn del Valle y Casa Tully de las Tierras de los Ríos
Los Arryn, guardianes del Valle, simbolizan la pureza y la nobleza ancestral. Su lema “Tan alto como el honor” refleja una visión casi sagrada de la virtud. Los Tully, señores de Aguasdulces, con su lema “Familia, deber, honor”, encarnan la esencia del vínculo familiar y la lealtad, aunque sus tierras sean las más castigadas por las guerras del Trono.
2. Otras facciones y poderes de Westeros
Más allá de las grandes casas, el universo de Martin está poblado por órdenes, culturas y pueblos que dan profundidad al relato.
2.1 La Guardia de la Noche
Una hermandad de hombres que juraron proteger el Muro, la gigantesca fortificación de hielo que separa el reino civilizado de las tierras salvajes del norte. Su voto les prohíbe riquezas, mujeres y herencia, pero les concede un propósito: proteger el reino de lo que viene del frío. “Soy la espada en la oscuridad, el vigilante del muro”, reza su juramento.
2.2 Los Pueblos Libres
Más allá del Muro viven los salvajes o Pueblos Libres, divididos en clanes y tribus que rehúyen la autoridad de los reyes de Westeros. Su líder, Mance Rayder, los une bajo una causa común: huir del invierno que se acerca y de los Caminantes Blancos. Representan la libertad en su forma más primitiva, y a la vez el recordatorio de lo frágil que es la civilización.
2.3 Casa Greyjoy y los Hijos del Hierro
Desde las Islas del Hierro, los Greyjoy gobiernan sobre una cultura marinera y guerrera que adora al Dios Ahogado. Su lema, “Lo que está muerto no puede morir”, resume una filosofía de vida y de guerra. Los Hijos del Hierro viven del saqueo y el mar, y consideran la violencia una forma de adoración. Son el eco de un pasado vikingo en un mundo que intenta volverse civilizado.
2.4 Las Ciudades Libres y Essos
Al este del Mar Angosto se extiende Essos, continente de reinos, culturas y ciudades que influyen directa o indirectamente en Westeros. Braavos, Volantis, Pentos, Lys, Myr, Norvos, Tyrosh, Qohor y Lorath forman las Ciudades Libres, herederas de Valyria. También están los dothraki, jinetes nómadas de las praderas, y los esclavistas de Meereen y Astapor, que representan el lado más brutal y exótico del mundo de Martin.
3. La Casa del Dragón y la era Targaryen
Antes de las guerras de los Siete Reinos, hubo una sola casa que dominó el cielo: la Casa Targaryen. Su historia, narrada en el libro Fuego y Sangre y adaptada en la serie La Casa del Dragón, describe los siglos de poder y decadencia de una familia destinada a destruirse a sí misma.
3.1 El apogeo de los dragones
Tras la Maldición de Valyria, los Targaryen fueron los únicos señores de dragones que sobrevivieron. Desde Rocadragón, Aegon I y sus hermanas conquistaron Westeros con fuego y alas. Fundaron Desembarco del Rey y forjaron el Trono de Hierro con las espadas de sus enemigos fundidas por el fuego de sus dragones.
3.2 La Danza de los Dragones
Siglos después, los propios Targaryen se desgarraron entre sí en una guerra civil conocida como la Danza de los Dragones. Dos facciones se enfrentaron por el trono: los Verdes, partidarios del príncipe Aegon II, y los Negros, defensores de la princesa Rhaenyra. Los dragones lucharon entre ellos hasta casi extinguirse. El fuego que había forjado el reino lo consumió.
3.3 El ocaso de Valyria y la herencia Targaryen
Con la caída de los dragones, el poder Targaryen se fue debilitando. Las alianzas se rompieron, los linajes se corrompieron por la locura endogámica, y el fuego que una vez unió el mundo terminó dividiéndolo. Sin embargo, su legado perdura en la historia y en la sangre de quienes aún reclaman el derecho de volar.
4. La estructura del poder feudal en Westeros
Westeros se compone de siete reinos, cada uno gobernado por una Gran Casa, bajo la autoridad del Trono de Hierro. Bajo ellas existen decenas de casas menores, caballeros juramentados y vasallos, que sostienen el tejido político. Las alianzas matrimoniales y los juramentos de fidelidad determinan la paz o la guerra.
La traición, la ambición y la supervivencia se entretejen en un equilibrio precario. Las guerras no son solo batallas: son movimientos de piezas en un tablero de ajedrez sangriento.
5. El simbolismo de las casas
Cada casa representa una virtud y un pecado:
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Los Stark, la constancia.
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Los Lannister, la soberbia.
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Los Targaryen, la ambición.
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Los Baratheon, la furia.
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Los Tyrell, la belleza calculada.
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Los Martell, el orgullo.
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Los Greyjoy, la rebeldía.
Westeros no tiene héroes puros ni villanos absolutos. Cada facción encarna una parte de la naturaleza humana: honor, avaricia, deseo, lealtad, corrupción, venganza.
6. El eco de la historia
El universo de Martin se siente vivo porque tiene memoria. Las guerras pasadas pesan sobre las presentes; los mitos se confunden con hechos. Los Caminantes Blancos, los Antiguos Dioses, el Dios Ahogado, el Señor de la Luz y los Mil Rostros conforman un panteón que mezcla la superstición y la fe con la política y la sangre.
La Casa del Dragón, al profundizar en el pasado, muestra que la historia de Westeros no es una línea, sino un ciclo: poder, gloria, ruina, renacimiento.
7. Conclusión
El poder en Westeros no es eterno. Ninguna casa mantiene su gloria por siempre. Todas las facciones —desde los reyes hasta los monjes del Muro— son piezas de un mismo destino: la ruina o la redención. La grandeza de Canción de hielo y fuego radica en su verdad más incómoda: no hay trono sin sangre, ni honor sin sacrificio.
Cuando los dragones vuelven a surcar los cielos y las casas alzan sus estandartes, la historia se repite. Westeros respira, conspira y arde una vez más.











